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siempre nos guiará, en lugar de dirigirla según nuestras necesidades pragmáticas. Esta
personificación de la lengua, que la hace hablar por sí misma, sería imposible sin ser
conscientes del funcionamiento de sus órganos. Esta conciencia sería siempre algo
abstracto que no dispondría de un rincón, fuera del alcance de la lengua materna, desde el
cual pudieramos mirarla analíticamente.
La lengua, en sus estado más pragmático y como el objetivo de cualquier proceso
de adquisición, aunque haya cumplido con las condiciones que acabo de exponer, sería
una herramienta inútil sin saber a qué elemento la vamos a aplicar. El sujeto siempre ha
sido tratado como si fuera un inmenso recipiente en el que meter todas las ‘fabricaciones’
del profesor. Ha tenido que llenar su memoria con cualquier dato procedente de la nueva
lengua. Estos datos, en la mayoría de los casos, entran en la Interlengua por una puerta
equivocada y si lograran salir, lo harían también por una salida equivocada. El contenido
del conocimiento del sujeto depende de los datos que proporciona el profesor. Éste, no
sólo es capaz de transmitirle información inútil,
sino que también es capaz de modificar
su forma de percibir los datos, su gestión cognitiva y su lógica. Al sujeto que se
encuentra, en la mayoría de los casos, en un estado de inmadurez, el método de su
profesor le parecería pesado y aburrido o interesante y eficaz, pero nunca excesivo e
injusto. Cuando el sujeto ya es adulto, y ha desarrollado cierta capacidad lógica en la
percepción y en la gestión de su entorno, se supone que su actitud, hacia la forma de
transmitirle los datos, haya sufrido algunos cambios independistas. Su total inconsciencia
de la forma en la que recibe los conocimientos procedentes de una lengua extranjera, le
deja atrapado en el estilo cognitivo que aplicaba en sus primeros contactos con la segunda
lengua. Sólo cuando el profesor le abre los ojos a la realidad: que es capaz de percibir
estos conocimientos de forma totalmente distinta, el sujeto se convierte en receptor
positivamente exigente. Entonces, descubre que su estilo cognitivo era demasiado
fatigante para una tarea tan lógica. Así, el sujeto también es la responsabilidad del
profesor.
La lengua y el sujeto forman la materia prima del proceso de adquisición. Lo que
falta para completar este proceso es un profesor ‘cirujano’ que sepa tratar con la anatomía
de esta materia prima. Su tarea sería trasladar los datos de su casilla lógica en la lengua
en cuestión a la ‘casilla’ correspondiente en la lógica del sujeto. La construcción de la
Interlengua, por su carácter abstracto, siempre ha sido responsabilidad de las facultades
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