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de su contenido, en la lengua receptora o terminal
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. No obstante, para mí este proceso
consta de cuatro fases principales dentro de las que se encuentran necesariamente
múltiples fases:
1.
La fase de expresión de LO.
En esta fase deben hallarse los elementos necesarios para una producción
lingüística expresiva. La falta de algunas unidades en el TO puede generar un
fallo en la expresión. Esto implica que el TO conlleva una idea, un
pensamiento o un sentimiento sin los cuales sería imposible la realización de la
fase siguiente.
2.
La fase de comprensión de LO.
La comprensión del TO depende, primero, del emisor y, después, del receptor.
Si la
fase anterior ha sido superada satisfactoriamente, esta fase actual sería
responsabilidad del receptor. La percepción del TO está siempre pendiente de
varios factores tales como el conocimiento lingüístico y sociocultural del
receptor, el contexto y la situación. Estos factores deciden la autenticidad del
contenido del mensaje con la interpretación del mismo.
3.
La fase de producción de LD.
El receptor del mensaje debe emular los elementos implicados en la primera
fase, dependiendo, por supuesto, de la categoría de traducción que pretende
realizar. Reproducir el TD para que tenga el mismo efecto que tenía el TO
depende, por un lado, de la capacidad expresiva de LD y de la competencia
analítico-sintética del nuevo emisor (el traductor) y, por otro, de su formación
intelectual.
4.
La fase de percepción de LD.
La existencia de un terminal distinto al emisor pone en cuestión la relatividad
de la comprensión y las variaciones conceptuales. Si el emisor E produce un
concepto c, por ejemplo, este concepto raramente se recibiría como c en el
otro terminal R, ya que el primero lo transmite acompañado de una variante
vE, y el segundo lo recibe con la variante vR. Por tanto, el concepto cvE
siempre llegaría a su destino como cvR. La tarea del traductor, entonces, es
reducir el valor de la variante para que cualquier concepto tenga su imagen real
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Weaver (1989:117).
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