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functional theory of language. However, in a wide sense, translation theory is the
body of knowledge that we have about translating, extending from general
principles to guidelines, suggestions and hints. (...) Translation theory is
concerned with minutiae (the meaning of semi-colons, italics, misprints) as well
as generalities (presentation, the thread of thought underlying a piece), and both
may be equally important in the context.(...) Translation theory is pointless and
sterile if it does not arise from the problem of translation practice, from the need
to stand back and reflect, to consider all the factors, within the text and outside it,
before coming to a decision.”
De todos modos, la teoría de la traducción es principalmente una teoría de la
lingüística aplicada, aunque tenga como base explícita los aspectos socioculturales de las
dos lenguas en cuestión. Pues la traducción no es una teoría sino, como afirma García
Yebra (1994:402), una práctica:
“La traducción no es teoría; es una práctica, aunque puede guiarse por la teoría.
Y, en cuanto a la práctica, la traducción no tiene lengua propia. No tiene lengua
propia porque es suya toda la lengua, y, en cierto modo, toda lengua, pues todas
pueden ser, en sus textos, objeto de traducción, y todas pueden funcionar, con
relación a cualquier otra lengua, como lengua de partida o lengua de llegada,
como lengua fuente y lengua meta, como lengua original o lengua terminal
(términos de la teoría de la traducción, no de la traducción misma).”
No obstante, la traducción exige algunos supuestos, algunos puntos teórico-
pragmáticos, su propia práctica teórica, capaz de redefinir a cada paso la teórica del
propio comportamiento del traductor ante su oficio (Maison, 1983:22). Dicho de otro
modo, es la combinación armónica y pragmática entre el arte
y la ciencia, tal como
afirma Nida (1964:3):
“Those who have insisted that translation is an art, and nothing more, have often
failed to probe beneath the surface of the obvious principles and procedures that
govern its functioning. Similarly, those who have espoused an entirely opposite
view have rarely studied translating enough to appreciate the artistic sensitivity
which is an indispensable ingredient in any first-rate translation of a literary
work.”
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