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La traducción es un caso particular de la convergencia lingüística: en el sentido más
amplio, diseña toda forma de mediación interlingüística, permitiendo transmitir la
información entre locutores de diferentes lenguas (Ladmiral, 1979:11). Es una
transmisión que implica la aplicación, según Serres
(1974:11), de unos sistemas
deductivos e inductivos que permanecen estables en el transporte de los elementos y que
serán reproducidos. Las diferencias entre los elementos que se generan durante este
proceso no son todavía, según el mismo autor, más que variaciones. Estas disparidades
entre las lenguas y, particularmente, entre sus usos, condujeron a partir de 1750, a poner
en cuestión los enlaces unívocos entre el orden lógico y el orden gramatical (Hulst,
1990:17). Teniendo en cuenta que los estudios clásicos de la lengua y la traducción
pretendían aislar los fenómenos (principalmente las palabras) y estudiarlos
profundamente. Sin tener en cuenta que se trata, básicamente, de una red de relaciones y
que la importancia de los elementos sólo se decide según su relevancia en el contexto, en
la situación y en la cultura (Snell-Hornby, 1988:36). Desde ese momento empezaron a
surgir las teorías que trataron de definir el mecanismo y los criterios de la traducción.
En este capítulo trataré, únicamente y de forma muy genérica, los aspectos de la
traducción implicados directa o indirectamente en la teoría de la Lengua Escalera,
exponiéndolos de manera que puedan justificar una posible aplicación de esta teoría.
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