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En el nivel lingüístico, la lengua materna es el origen principal de la transferencia,
siendo la primera fuente del conocimiento lingüístico del sujeto. La transferencia tiene
generalmente un único sentido, de la lengua materna hacia la lengua extranjera (Lado,
1957:11). Sin embargo, (como lo han demostrado Weinreich, 1953 y Hugen, 1956), hay
bastantes pruebas del efecto de L2 sobre L1 (Sharwood Smith y Kellerman, 1986:1). 
Al recibir cualquier mensaje lingüístico, oral o
escrito, los individuos intentan
comprender su contenido, aún sin tener ningún conocimiento sobre la lengua en la que
este mensaje ha sido producido. El cerebro humano tiene, a través de la previa
acumulación de datos, una interpretación inmediata de cualquier elemento que se dirige
hacia sus compartimentos internos. Y no reconoce el hecho de que algunas cosas se
producen en el vacío y sin ninguna etiqueta semántica. Esta interpretación puede ser
correcta o incorrecta, pero siempre obligatoria. A un japonés, por ejemplo, su curiosidad
innata le lleva a interpretar un mensaje producido por un francés, sin que tenga ninguna
base lingüística en esta lengua. Dicho mensaje llega a sus oídos como signos. Estos se
mandan al cerebro que se ve forzado a buscar en la
memoria algún dato que pueda
satisfacer la curiosidad del sujeto. Si el contenido de su conocimiento incluye signos
parecidos, el cerebro asocia inmediatamente estos signos con los recibidos. La tendencia
natural de los individuos es recurrir primero a cualquier otra lengua que no sea la
materna, suponiendo, lógicamente, que las lenguas extrajeras se parecen entre sí
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. Los
hablantes de una única lengua, que nunca tuvieron contacto significativo con otras
lenguas, suponen que los significados no sólo son los mismos, sino también que están
clasificados de la misma manera (Lado, 1957:78). Por lo tanto, si este japonés tuviera el
inglés como segunda lengua, su cerebro buscaría, primero, en la IL una interpretación
adecuada antes de recurrir a la lengua materna. Es una búsqueda minuciosa que
comprende, como lo confirma Lado (1957:11), cualquier detalle relacionado con las
lenguas en cuestión:
“(...) We have ample evidence that when learning a foreign language we tend to
transfer our entire native language system in the process. We tend to transfer to
that language our phonemes and their variants, our stress and rhythm patterns,
                                                
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Para un árabe, por ejemplo, es difícil imaginar una lengua que no reconozca el dual, o la numeración
independiente del género (cinc[o] hombres y (cinc[a] mujeres), etc.
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