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Es decir, la lengua dominante es necesariamente la que el sujeto explota para
cumplir con sus necesidades cotidianas de comunicación. El uso de una lengua y la
marginación de otra depende de las situaciones. Las dos lenguas, sin embargo, están
presentes en la mente del sujeto. La presencia de L1 y L2, en el sistema nervioso de una
persona, es suficiente, añade Brooks (1969:40), para llamar a este caso bilingüismo:
“Bilingualism cannot be defined as the ability to speak two languages, nor can it
be considered as a stage eventually reached after prolonged experience with a
second language. Rather, bilingualism implies the presence in the same nervous
system of two parallel but distinct patterns of verbal behavior.”
Esto significa que si el comportamiento lingüístico del sujeto, en las situaciones
comunicativas de L2 (en una conversación, por ejemplo), se acerca más a las normas de
L2 que a las de L1, entonces esta persona es bilingüe, por lo menos en el área donde se
manifestó la autenticidad de L2.
Suleiman
(1985:4) adopta una definición funcional y cree que una capacidad
modesta, por parte del sujeto, para producir en L2 unas frases con cierto nivel de
perfección, acompañada de una capacidad de comprensión, es bastante para calificar a
este sujeto como bilingüe:
“(...), a functional definition of bilingualism should incorporate some clearly
defined parameters of intelligibility and acceptability. This may be fulfilled with
by the bilingual’s ability to produce meaningful utterances in the second
language along with a modest ability of comprehension. In other words, a modest
mastery of the aural skills may be adequate to qualify a bilingual speaker. The
control of other skills such as reading and writhing may be overlooked because
they are not as crucial to communication as those of the first category.”
Esta definición, siendo funcional se centra en el hecho de que el bilingüismo es,
ante todo, un rasgo comunicativo. Por lo tanto, los elementos básicos que el sujeto debe
controlar son aquellos relacionados con los aspectos orales de L2. Esto implica que una
persona puede ser bilingüe sin ser capaz de leer o escribir en L2.
Sánchez
y Forteza
(1987:204) diferencian, según una definición clásica dada por
Ervin y Osgood, entre dos tipos de bilingüismo:
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