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Esto lo justifican De Villiers et al (1978:30) por el hecho de que la percepción y la
interpretación del habla se realiza en el hemisferio izquierdo del cerebro, mientras la
interpretación de los ruido se realiza en el derecho:
“Another major reason for believing that we are innately predisposed to perceive
speech differently from other sounds lies in
the wealth of evidence that speech
sounds are perceived and interpreted in the left half (or hemisphere) of the cortex
of our brain.”
Pero ¿no implicará esta afirmación que tanto la producción como la percepción de
sonidos están vinculadas totalmente a la lógica del individuo, por lo que llegamos a
distinguir fácilmente los sonidos que conllevan un contenido comunicativo cognitivo, de
aquellos que sólo representan un conjunto caótico de códigos?
Mientras, Dulay et al (1982:41) afirman que algunos adultos, que son la excepción,
llegan a alcanzar unos niveles muy elevados en la pronunciación (p.79). Brooks
(1969)
opina que el sistema fonológico de la lengua es la única área donde el dominio perfecto
de la lengua es dudoso, incluso en los ámbito bilingües:
“Typical also is the person who is born and raised in one country, then lives for a
long time in another and becomes to a great extent bilingual except for obvious
deficiencies in a single area, usually the sound system.”
Las lenguas naturales comparten, habitualmente, algunos rasgos fonológicos. Los
rasgos compartidos que suelen llamarse “unmarked” (o no marcados) muestran una
aptitud más permisible, a la hora de ser adquiridos, que aquellos llamados “marked” (o
marcados). Los sonidos comunes entre las lenguas emergen, evidentemente, y según
Goodluck (1991:151), más temprano que los sonidos extraños.
Sin embargo, Fries
(1964:77) cree que no existen diferencias entre los sonidos
marcados y los no marcados en lo que concierne a la dificultad de ser aprendidos, pues la
dificultad en percibirlos depende totalmente del sistema fonológico de la lengua materna:
“(...) there are no language sounds that are easy or difficult in themselves. Ease
or difficulty of hearing or pronunciation turns out to be a function of the way the
phonetic material patterns in a person’s native language.”
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